ENFERMEDAD DE PARKINSON UN TRASTORNO DISCAPACITANTE

Enviado el 3 Julio, 2009 en 1.¿COMO EMPEZAR? por josecaparros

 Autor: Emilio Pol Yanguas. Doctor en Farmacia y Especialista en Farmacia de Hospital. Farmacéutico del Centro Socio-Sanitario Dr. Esquerdo. San Juan Alicante
La enfermedad de Parkinson (EP) es un trastorno crónico, progresivo, de carácter neurodegenerativo y en cuyo origen intervienen múltiples factores. Se estima que su prevalencia  (fracción de la población que padece la enfermedad en un momento dado)  es del 0,3% en los países de nuestro entorno, aumenta con la edad, y  entre las personas mayores de 65 años alcanza el 1-2%, y el 4-5% si se considera a las mayores de 85 años. Usualmente comienza a manifestarse al principio de la 7º década de vida, en torno al final de la vida laboral. En un 10% de los casos comienza a manifestarse más temprano, antes de los 45 años. Los varones son más propensos a padecerla, mientras que el 2% de estos la padecerán en algún momento de su vida, solo el 1,3% de las mujeres lo hará. Se estima que actualmente unos 5 millones de personas en el mundo padecen la EP, y se espera que llegue a 9 millones para el año 2030. Estos datos hacen que la EP sea una de las principales enfermedades neurodegenerativas, solo superada en número de afectados por la enfermedad de Alzheimer, a la que supera en carga para los cuidadores, por la doble afectación motora y neuropsiquiátrica.
Se denomina EP primaria, si su aparición no se explica por el progreso o complicación de otro trastorno médico. El 90% de los casos de EP primaria son espontáneos, sin que se pueda establecer una origen claro, se dice que es idiopática. En un 10% de los casos se puede establecer un origen genético, especialmente en los casos de aparición temprana, pero las pruebas genéticas no tienen utilidad clínica actualmente. El único factor de riesgo confirmado para la EP primaria es la edad avanzada.
La EP secundaria puede deberse a toxinas, efectos adversos de medicamentos, secuelas de infecciones en el sistema nervioso central, trastornos metabólicos o vasculares. Algunas enfermedades neurodegenerativa pueden presentar características similares a la EP y se denominan EP-plus o síndromes parkinsonianos atípicos. Antipsicóticos (haloperidol, risperidona y otros) y antieméticos (metoclopramida) son los medicamentos que más frecuentemente causan síntomas parkinsonianos.
Los cuatro síntomas motores cardinales son, 1) temblor de reposo; 2) bradiquinesia; 3) rigidez; 4) inestabilidad postural. Los síntomas comienzan de forma asimétricas, gradualmente se expanden al otro lado, aunque el lado de comienzo siempre permanece un poco más afectado. El temblor de reposos como haciendo píldoras o contando monedas, suele presentarse como un síntoma inicial en el 70-90% de los afectados, especialmente en los más jóvenes y es muy visible. Cuando la mano afectada es la dominante, la escritura se vuelve pequeña (micrografía). La bradicinesia (movimientos enlentecidos) es uno de los síntomas más discapacitantes y perturbadores, se manifiesta como dificultad para levantarse de la silla,  o entrar y salir del automóvil. La bradicinesia extrema se denomina acinesia y es la incapacidad para iniciar el movimiento. Otras consecuencias de la bradicinesia son: hipofonía (voz débil y difuminada), reducción de las habilidades manuales, rostro inexpresivo o en máscara, reducción del parpadeo, dificultades para beber y deglutir los alimentos, babeo (generalmente debido a la incapacidad para tragar), marcha lenta arrastrando los pies. La rigidez en rueda dentada, como si pertenecieran a un engranaje mecánico, se manifiesta como resistencia fluctuante cuando la articulación es pasivamente movilizada, principalmente en la muñecas. La rigidez sostenida puede causar dolor muscular.   La inestabilidad postural se manifiesta ya en la enfermedad más avanzada de la EP, obliga al paciente a marchar con las piernas abiertas. Y puede causar caídas, con el consiguiente riesgo de fracturas.
Junto a los síntomas motores  son frecuentes, en la EP, una amplia variedad de síntomas no motores, que afectan muy negativamente a la calidad de vida de los pacientes, y de sus familias y cuidadores. El 90% de los paciente de EP presentan al menos uno de estos síntomas, y el 10% hasta 5. Cada vez más se reconoce que estos síntomas contribuyen al exceso de discapacidad en la EP, especialmente los neuropsiquiatricos, llegando a dominar el cuadro clínico a medida que la enfermedad progresa y contribuyen en gran medida a acortar la vida de los pacientes.
Un síntoma que puede aparecer tempranamente en la EP es la hiposmia o capacidad reducida para detectar olores. La depresión se llega a producir en el 50% de los pacientes. Los síntomas psicóticos (10-40%) y obsesivo-compulsivos (10%) pueden estar relacionado con el uso de medicación antiparkinsoniana. A medida que progresa la enfermedad los sujetos desarrollan demencia (70-80%). Sudoración excesiva, estreñimiento, seborrea, rinorrea, dificultades urinarias, son otros síntomas que contribuyen a la merma de la calidad de vida del afectado de EP.
Los síntomas de la enfermedad progresan con el tiempo y, antes de que se dispusiera de fármacos efectivos, causaba una grave discapacidad antes de transcurridos 10 año es de la aparición de los primeros síntomas. Aunque  la EP no es una enfermedad fatal, la mortalidad entre los que la padecen está aumentada respecto a la población general, principalmente debida a complicaciones como pneumonia y problemas cardiovasculares. La expectativa de vida en los pacientes que desarrollan una EP temprana se reduce en 10 años.
Los costes económicos de la EP para la sociedad son enormes, aunque varían entre diversos estudios, se calcula que anualmente cada paciente consume entre menos de 2000€ y más de 70000€, dependiendo de lo avanzado de la enfermedad y el grado de discapacidad que conlleva. Se calcula que cada paciente promedio consume unos 58.000€/año, el 70% serían costes indirectos, el 20% coste de cuidados y el 10% coste de los medicamentos. El desarrollo de medicamentos que pudieran enlentecer  el progreso de la enfermedad sería un gran alivio para los pacientes y sus familiares, a la vez que podría reportar considerables ahorros en la utilización de servicios y asistencia sanitarios y sociales.
La enfermedad no solo modifica la calidad de vida del enfermo, los familiares cuidadores deben desempeña un papel que conlleva un notable desgaste emocional, físico, social y económico, que se complica a medida que progresa la enfermedad. Conseguir la colaboración del paciente, familia y cuidadores en fundamental para lograr la adherencia al tratamiento. Se debe mantener una actitud dialogante y suministrar el apoyo e información que requieran. Como se trata de una enfermedad incurable, cuyo tratamiento solo modifica los síntomas, es muy importante atender a los aspectos psicosociales y relacionados con la calidad de vida, tratando de preservar la funcionalidad y atendiendo a los síntomas y complicaciones cotidianas. El farmacéutico comunitario es un profesional de la salud libremente accesible y cercano, inmerso en el entrono social de los afectados y sus familias, en el que apoyarse.

Envie un comentario

Tiene que registrarse para enviar un comentario.